El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Lo estamos viendo en Valencia con los pijoaparte implicados en la trama gürtel (sólo oirlos hablar echan para atrás) mientras Rajoy sigue la técnica del avestruz a la espera de que cese el temporal. Camps, por su parte, dice estar feliz y contento, como todo su colectivo.
Castas endogámicas (los Costa) intentan defenderse bajo el paraguas del chantaje para tirar de la manta. ¿Esta élite hipócrita y cínica quiere regir nuestros designios? nos dan lecciones y nos imponen reglas y comportamientos que ellos jamás practicarán. Y si alguien dimite, se niega a abandonar el escaño o sillón, es decir, el blindaje económico y judicial.
En realidad son más de lo mismo, apologetas del relativismo moral e intelectual, burócratas que se multiplican a la sombra del poder político. El desconcierto entre los militantes y votantes del partido es palmario y muchos empiezan a darse cuenta de que nos encontramos ante el verdadero cáncer de la democracia española: los partidos políticos corruptos y endogámicos, nido de parásitos. Es lo que suele pasar cuando se vota a partidos y listas en vez de a personas.
España no es que necesite una regeneración democrática, que al fín y al cabo servirá para que las cosas sigan como están; se hace urgente y necesaria una reforma hacia una verdadera democracia que supere y perfeccione el régimen de la Transición que parece agotado y que ha sufrido, por culpa de los políticos en quienes confiamos, un deterioro absoluto.
Si así son los otros ¿qué nos queda?. Huye, olvídate de los otros, únete a la resistencia.
Castas endogámicas (los Costa) intentan defenderse bajo el paraguas del chantaje para tirar de la manta. ¿Esta élite hipócrita y cínica quiere regir nuestros designios? nos dan lecciones y nos imponen reglas y comportamientos que ellos jamás practicarán. Y si alguien dimite, se niega a abandonar el escaño o sillón, es decir, el blindaje económico y judicial.
En realidad son más de lo mismo, apologetas del relativismo moral e intelectual, burócratas que se multiplican a la sombra del poder político. El desconcierto entre los militantes y votantes del partido es palmario y muchos empiezan a darse cuenta de que nos encontramos ante el verdadero cáncer de la democracia española: los partidos políticos corruptos y endogámicos, nido de parásitos. Es lo que suele pasar cuando se vota a partidos y listas en vez de a personas.
España no es que necesite una regeneración democrática, que al fín y al cabo servirá para que las cosas sigan como están; se hace urgente y necesaria una reforma hacia una verdadera democracia que supere y perfeccione el régimen de la Transición que parece agotado y que ha sufrido, por culpa de los políticos en quienes confiamos, un deterioro absoluto.
Si así son los otros ¿qué nos queda?. Huye, olvídate de los otros, únete a la resistencia.
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